LA VIDA DE BLAS DE LEZO



La vida de Blas de Lezo se desarrolla en un periodo apasionante de la historia de España, al inicio de su decadencia imperial, y en un momento en que el oficio de marino mantenía todo su romanticismo, dureza y heroicidad.


Blas de Lezo es considerado como “uno de los marinos más importantes de la historia naval española, considerado una leyenda viva por sus coetáneos y hoy casi olvidado. Sus hazañas navales, su participación en episodios claves del siglo XVIII europeo, su coraje en combate, sus convicciones inquebrantables, su honestidad en la defensa de los intereses de España y su formación ilustrada, trazan un relato épico de su vida y una biografía que por sí sola retrata un siglo de nuestra historia”.


Ingresó en la marina con sólo quince años, destacando muy pronto por su valor. Dada su condición de hidalgo y la proximidad con Francia, su formación como oficial se desarrolla en ese país. Los cargos y grados militares se funden en los ejército;s borbónicos, por lo que al principio de su carrera, en la Guerra de Sucesión, sirve en barcos de la armada francesa , alcanzando el grado de capitán de navío con tan sólo veintitrés años. Con veinticinco queda cojo, tuerto y manco por heridas sufridas en combate sin que esto le aparte del servicio. Más bien le sirve de acicate para continuar su carrera de marino.


Tras diez años de servicio en los Mares del Sur, en 1730 y de vuelta a España, Blas de Lezo fue ascendido a jefe de la escuadra naval del Mediterráneo. Es en su primera misión en estas aguas cuando se produce el famoso episodio con la república de Génova, con la que habían surgido diferencias, y que Blas de Lezo resuelve satisfactoriamente para los intereses de España en sólo unas horas.



Un año más tarde, en 1732, Blas de Lezo comandó una expedición de 54 buques y 30.000 hombres a Orán, foco de piratería en el Mediterráneo, y rindió la ciudad. Tras su marcha, los piratas argelinos de Bay Hassan sitiaron la ciudad, por lo que Lezo regresó en su socorro con una parte de su escuadra, consiguiendo ahuyentar a los piratas, que se refugiaron en la bahía de Mostaganem; Lezo, desafiando el peligro de enfrentarse simultáneamente a un navío de mayor potencia de fuego, así como al apoyo que este recibía desde baluartes en tierra, se adentró en la bahía, incendiando el buque enemigo y causando la ruina de los castillos. Finalizado este enfrentamiento, patrulló durante meses esas aguas para impedir que los argelinos recibieran refuerzos de Estambul .


Gracias a sus acciones de armas, el Rey lo ascendió en 1734 a teniente general de la Armada. Regresó a América con los navíos Fuerte y Conquistador en 1737 como comandante general de Cartagena de Indias . Es en este lugar, donde Blas de Lezo culmina su carrera con la heroica defensa de la ciudad, infligiendo a Inglaterra la mayor derrota naval de su historia, además de asegurar para España una plaza estratégica, considerada por su ubicación como la llave de América.


El rey Jorge II de Inglaterra declara la guerra a España y envía al Caribe una flota, al mando del almirante Edward Vernon, con la misión de tomar las plazas fuertes españolas, de forma que el imperio español quedara dislocado, al cortar la comunicación y las rutas comerciales con la metrópoli. Esperando una fácil y segura victoria, Vernon decidió asediar Cartagena de Indias, diseñando para ello la mayor operación de desembarco naval hasta el momento.

Tan convencido estaba de su victoria el almirante inglés, que con arrogancia imprudente, dio noticias de la toma de Cartagena antes de que se produjera, y en Inglaterra se pusieron en circulación medallas conmemorativas de su supuesta victoria con inscripciones como «Los héroes británicos tomaron Cartagena el 1 de abril de 1741» y «El orgullo español humillado por Vernon». Nada más lejos de la realidad.



La flota inglesa estaba formada por 186 barcos (incluidos buques de línea, fragatas, brulotes y transportes) con una potencia de fuego de 2.000 cañones, así como 27.600 combatientes para el desembarco, incluidos 4.000 milicianos de Virginia bajo las órdenes de Lawrence Washington. Por su parte, las defensas de Cartagena se reducían a 6 navíos de guerra y un contingente de unos 3.000 hombres, entre tropas regulares, milicianos, indios flecheros y la propia marinería.


A pesar de la gran desproporción de fuerzas entre ambos bandos, los defensores españoles contaban con el talento y experiencia militares de Lezo. España conservó la plaza infligiendo una humillante derrota a Inglaterra, asegurando además de este modo la pervivencia del imperio durante casi un siglo más.


Un grandioso espectáculo que hará las delicias de todos, ya que es apto para todos los públicos, donde te atrapará la manera de contar la obra tanto como la historia misma.


Sin embargo, tres meses y veintinueve días después de la victoria sobre el inglés, Blas de Lezo fallece en un abandono vergonzante. No sólo cae enfermo y carece de recursos al no recibir sus honorarios, sino que el virrey Eslava le acusa ante el Rey de los delitos de “insubordinación e incompetencia”. El héroe invicto en mil batallas, dedicado en cuerpo (literalmente) y alma a su patria es derrotado por el “fuego amigo” de la envidia. Dada su nobleza y rectitud, de la que su biografía no deja lugar a dudas, no es difícil suponer el efecto devastador que esta situación debió ocasionarle, privado de su honor y prestigio, que dejaba además sin los recursos tan merecidamente obtenidos a su esposa e hijos.


Las gestiones de Lezo para restituir su honor en vida fueron infructuosas. Sólo tras su muerte, a la llegada al trono de Fernando VI, y gracias al esfuerzo de sus hijos, se le restituyeron los honores ganados en el campo de batalla, concediéndosele a título póstumo el marquesado de Ovieco. Desde entonces, y en su honor, siempre hay un buque de la Armada Española que lleva el nombre de Blas de Lezo, en el momento presente la fragata F-103.